Hace calor. Afuera está helado, pero por suerte acá adentro no hay preocupaciones.
Sus sábanas me aprisionan. Estoy semi-dormida, pero la sensación de vacío se siente con conciencia.
Tengo calor. Basta, necesito salir. Pero hoy no te toca estar.
La desesperación se funde en mis sueños. Empiezo a incomodarme. Primero, lo siento en el corazón. Me molesta esta soledad. Tristeza. ¿Dónde estás?
Necesito salir, necesito aire. La estufa hace que el ambiente esté viciado. La desesperación se apodera de mi cuerpo. Necesito moverme, necesito sentir que todavía tengo el control de mi cuerpo.
Me despierto. Todavía tengo los ojos cerrados. No quiero abrirlos, no quiero ver la soledad.
Silencio.
Lucho contra la sensación de tristeza. Necesito salir. Finalmente, logro tomar el control. Me saco la media del pie derecho. Lo muevo, buscando un pedacito alejado, buscando el vacío.
Y de pronto, te siento. Estás acá, estás acostado al lado mío. El contacto de mi pie te despierta. Me doy vuelta, te miro, necesito ver para creer.
"Te amo mi amor", te escucho decir con muchísimo esfuerzo.
Vuelvo a darme vuelta. Puedo dormir feliz.

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