Para mi sola, sobra demasiado. La mayoría de las noches, la comodidad hace intercambios con la soledad.
Hace calor. Afuera está helado, pero por suerte acá adentro no hay preocupaciones.
Sus sábanas me aprisionan. Estoy semi-dormida, pero la sensación de vacío se siente con conciencia.
Tengo calor. Basta, necesito salir. Pero hoy no te toca estar.
La desesperación se funde en mis sueños. Empiezo a incomodarme. Primero, lo siento en el corazón. Me molesta esta soledad. Tristeza. ¿Dónde estás?
Necesito salir, necesito aire. La estufa hace que el ambiente esté viciado. La desesperación se apodera de mi cuerpo. Necesito moverme, necesito sentir que todavía tengo el control de mi cuerpo.
Me despierto. Todavía tengo los ojos cerrados. No quiero abrirlos, no quiero ver la soledad.
Silencio.
Lucho contra la sensación de tristeza. Necesito salir. Finalmente, logro tomar el control. Me saco la media del pie derecho. Lo muevo, buscando un pedacito alejado, buscando el vacío.
Y de pronto, te siento. Estás acá, estás acostado al lado mío. El contacto de mi pie te despierta. Me doy vuelta, te miro, necesito ver para creer.
"Te amo mi amor", te escucho decir con muchísimo esfuerzo.
Vuelvo a darme vuelta. Puedo dormir feliz.
Desde hace algunos años, trato de hacer memoria e intento recordar cómo era mi vida antes de saber leer. Las palabras y las letras pasaban adelante de mis ojos sin tener ninguna clase de sentido.
El momento en que aprendí a leer, como supongo que debe pasarle a muchos, marcó un antes y un después. Mis primeras lecturas fueron las caricaturas de Condorito (mi hermano de 15 ni sabe quién es, ¡qué grande estoy!). Hoy, carteles, redes sociales, libros, folletos, conversaciones en celulares ajenos pasan por adelante de mis ojos sabiendo que soy incapaz de ignorarlos. Las palabras cobran sentido y, a medida que pasan los años, cada vez descubro que su valor es mayor de lo que creía.
El lunes, como tantos otros días de mi vida, estaba leyendo. Y encontré una frase con la que me sentí identificada, y feliz con esa identificación.
Un lector vive cientos de vidas antes de morir. Un hombre que nunca lee vive sólo una.
No sé quién es el autor. Pero sin lugar a dudas, debe ser una persona con la que me hubiera gustado ponerme a conversar y escucharlo recomendarme algunas de las vidas que él vivió como lector.
Bienvenidos a este mini universo. Disfrutemos de la lectura, comentemos, compartamos. Vivamos muchas vidas.